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Letras del Alma
Silvana Marchese
Buenos Aires - Argentina
Amo las letras, amo el arte en general. El escribir, el recitar me da libertad, armonía, serenidad.
El poder expresar en palabras lo que siento, vivo hace que plasme mi vida misma en cada renglón.
Podrás ver todos mis escritos como recitados de los mismos en

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El blog Letras del Alma tendrá mis escritos y mis recitados. Cada uno de ellos es como un hijo para mí.
Espero que disfruten de este espacio que lleva en sus manos el corazón y el alma
Silrita




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El Misterio (cuento corto de mi autoría)



 

EL MISTERIO

Una mesa de madera se encontraba en el centro de la habitación, única por lo cierto, ya que no contaban más que con un ambiente: cocina, comedor, pieza, eso era todo. Esta mesa a la cuál me refiero estaba cubierto con un mantel de plástico floreado y en el medio una jarra de agua.

Cuatro sillas rodeaban esta mesa, dos de las cuales estaban rotas por el uso constante y el material económico con las cuales fueron hechas.

Sobre la cocina a garrafa había dos ollas de aluminio, eso era todo lo que había en el interior de esta precaria vivienda.

Un cuadro en la pared reflejaba rostros cansados de pescadores. Pared, la cuál estaba descascarada y no se distinguía con exactitud el color con la cuál fue pintada alguna vez.

Cinco eran los integrantes de esta familia, la cuál habitaban esta vivienda.

La mujer, con su delantal impecable llamó a Juan, el hijo mayor:

_¡Juan!, decile a Don José que te mande ¼ de pan que después le pago, que me lo anote junto con lo otro-

Claro está que así eran sus días, luchando por el pan, la leche y el alimento necesario para cubrir las necesidades de sus hijos.

Juan salió despacio pensando como le diría al panadero que le vuelva a fiar, ya no le daba la cara

Mientras tanto en la casa los dos niños más pequeños jugaban con un balde lleno de agua en la vereda de tierra. Divertidos por cierto, hacían tortitas de barro.

_¡Viviana!, ¡Julio! Entren ya mismo (gritó la madre), lo único que falta que se enfermen y no pueda ir siquiera al hospital-

Los chicos siguieron con sus tortas de barro, convencidos que si hacían muchas podían comerlas a la noche, puesto que un ángel les había avisado que las haría de chocolate.

Trascurrido más de media hora apareció Juan, pero con las manos vacías:

_¿Donde está el pan Juan?- preguntó la mujer sorprendida.

_Dijo el panadero que no puede fiar más, la cuenta ya suma quince pesos y dijo que no estaba para alimentar a vagos-.

A medida que Juan decía estas palabras, la madre se tapó la cara con el delantal para disimular las lágrimas y dijo fuertemente:

_ ¡Quedate tranquilo hijo!, tengo pan de hace cuatro días y yerba que está secando al sol. Un buen mate cocido con pan tostado que haré a las brazas, y con la panza llena se acostarán temprano-

La garrafa se había terminado, así que con ingenio puso maderas de las sillas rotas e hizo pan tostado.

Indudablemente los hacía acostar temprano para que las panzas no chillen de hambre.

¡Vagos, vagos(decía hacia adentro), mi pobre Enrique se pasa todo el día metiendo ladrillo tras ladrillo para traer la plata...

Plata que eran solo doce pesos las doce horas de trabajo, a más no podía aspirar, ya que siendo analfabeto y hacía solo un año que habían venido de Salta a Buenos Aires, nadie les daba trabajo.

Los dos pequeños seguían con sus tortas de barro. Caía ya la tardecita y la madre distraída con sacar el polvo del piso de cemento, no había notado que Viviana y Julio aún seguían en la vereda.

Distracción por demás comprensible, sacar polvo de un piso de cemento sumado a lo descascarada que estaba la pared, le llevaba horas que

quedara limpio, y que sus hijos estuvieran en un lugar pulcro. Es más, nunca faltaba sobre la mesita de la cocina flores silvestres., flores que para ella eran azaleas o alegría del hogar.

Eran las 20 horas cuando de prepo llevó a los chicos adentro. Tuvo que obligarlos a dejar las tortitas de barro en la vereda.

_No quiero que entren eso a la casa, estuve todo el día trabajando para mantener limpio.¡A tomar el mate cocido , el pan tostado y a dormir!-

_Pero mamá -dijo Viviana con su nariz sucia y sus manitos embarradas-, dijo el ángel que...

_¡Que ángel ni que ángel, dejen de soñar...El único Ángel que nos podría ayudar es el carnicero y tampoco nos fía. Vamos, vamos a comer y a la cama.

Los tres chicos se bañaron con la bomba de agua del pequeño patio que se compartía con el vecino. Menos mal que era verano, en invierno era un suplicio.

Cuando los chicos se acostaron llegó Enrique. Cansado se acercó a cada uno de sus hijos y les dio un beso en la frente a cada uno.

Había dos camas, en la grande dormían los chicos, en la un plaza la madre, y Enrique se acostaba donde podía, tratando de esquivar la corriente de aire que entraba por debajo de la puerta.

A las 23 horas cuando Juan y sus padres se durmieron, Viviana y Julio se levantaron despacio y entraron de a una cuidadosamente las tortas de barro que había hecho esa tarde. Las pusieron sobre la mesa como el ángel les había dicho. Luego se acostaron a dormir.

A las 5 horas del día siguiente cuando Enrique se levantó para ir al trabajo y vio esas tortas de barro sobre la mesa, se apresuró a tirarlas antes que su mujer se levantara para evitar que se armara lío.

Se acercó a la mesa, agarró las dos primeras tortas y notó que sus dedos se habían puesto pegajosos, probó esa mezcla y notó con sorpresa que era chocolate con gusto a almendras.

Despertó a su mujer e hijos, exaltado por semejante sorpresa.

Estaban absortos alrededor de la mesa saboreando esas exquisiteces.

_¡Se los dijimos, se los dijimos, el ángel nos dijo que lo haría!.

Pero allí no había terminado todo, se había duplicado la cantidad de tortas que los chicos habían hecho, y debajo de la más grande una carta con letras doradas que decía:”Lo más simple que venga de la mano de un niño será para la vista de los adultos lo más complicado para comprender.

Si no fuera por ellos, el mundo desaparecería. Pues entonces comencemos a creer en aquello que SIN FE, lo llamamos MISTERIO”...

A partir de ese día la madre comenzó a amasar: pan , galletas, tortas y de cada kilo de harina salían infinidades de ricos manjares.

Tan fue así que Don José –el panadero-se convirtió en uno de sus clientes para vender en su negocio.

Todo da vueltas, a veces arriba, otras abajo, pero definitivamente todos terminamos viviendo de una forma u otras experiencias similares, probablemente con diferentes historias y personajes, pero con respecto a las emociones todas sentimos: dolor, alegría, impotencia, vanidad, asombro. Todas aquellas que según las circunstancias podemos estar en la vereda de Enrique o de Don José. En definitiva veamos al otro un poco más, quien dice si en algún momento de una manera u otra no debamos estar observándolo de la otra parte de la vereda y así aprender de sus vivencias

Silrita

6/6/04

 http://letrasdelalma-silvana.blogspot.com

 


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